sábado, agosto 18, 2007

La perra que aprendia

Cuando llegó, Teresa no la quería: "No, yo ya no quiero otro perro". Pero sus ojitos de miel le ganaron otra oportunidad. Se quedaba para un largo rato, aparentemente. Antes del año ya la estaban regalando. A un taller mecánico a tres cuadras de la casa donde necesitaban perro guardían. Pero Tosty no estaba hecha para ese tipo de trabajos. Digo, a todo mundo le ladraba, pero cuando alguien se acercaba a menos de dos metros de distancia. le ofrecía la panza en la más sumisa actitud de perro agradecido. Bueno, era una perra. Y bastante agradecida.

Total, fui por ella al taller. Me costó recuperarla 20 pesotes que les tuve que dar a los del taller mecánica junto con una explicación: "Es que la señora se equivocó, todo fue una confusión". Y ahi voy de regreso con mi perra mojada, espantada y bastante desconfiada. Ah y con su costal de croquetas. Si, tuve una discusión fuerte con Teresa, pero no duró más de tres días el enojo. Mi enojo, claro, porque a Tosty se le olvidó el episodio en menos de 20 minutos.

Le faltaba mucho por aprender. Sobre todo de Física. Un día salió corriendo a descubrir la primera Ley de Newton. Esta ley dice que un Tsuru rojo en movimiento tiende a permanecer en movimiento a pesar de que una perrita de un año se meta abajo de sus llantas. Tal vez quería saber como eran los Tsurus rojos por abajo. Quedó atropellada y tembolorosa. Pero después de una inútil radiografía, descubirmos que no tenía nada. La bendita flexibilidad de la juventud.
Y después de eso descubrió la Ley de la Graveda Universal según Newton, y lo aprendió volando desde la azotea de la casa, para aterrizar en el suave concreto de la banqueta. La primera vez. Porque la segunda, cayó en el pastito de un prado frente a la casa. Esto demostraba de una buena vez que no, no podía volar.

Tuvo perritos, fue feliz. Hasta que los regalamos. Luego aprendió a comunicarse con los demás miembros de su manada. Mis papás, ears, v., la otra tere y yo. Eso eramos para ella, miembros de su comunidad de supervivencia, pero con el giro del cariño. Claro que a veces le gritábamos. Pero solo era por necia, mientras probaba nuestros límites. Y los probaba diario.

Aprendió a ladrar y gritar. Casi casi a hablar. A las tres de la mañana sabía perfectamente que era yo quien la sacaba al patio. Nadie más la entendía. A las 7 de la mañana sabía que Teresa le daba el bolillo o las tortillas duras del día anterior. Nadie más sabía de su ritual matutino. En las tardes se pegaba y mordía con ears. Solo ellos se entendían. Con cada miembro de la casa tenía su propia comunicación y proceso de enseñanza-aprendizaje.

Porque también nos enseñó. A tener paciencia, a entenderla, a brincarla cuando se dormía a medio pasillo. A no pisarla en las noches al levantarse uno de la cama. A saber que no es lo mismo un gemido de sed, que uno de inquietud, que uno de dolor.

Ayer se fué. Cancer, mastitis, o algo. El caso es que ya no está. Y todos dolemos. No es nada grato despedirte de tu perro en la noche, para llegar en la mañana y verla como dormida para siempre. Más valía sacrificarla lo más humanamente posible. Estoy a favor o en contra de la eutanasia? Me vale madres. Estoy triste por mi perra. Y aunque a los demás no les guste, hay quien sabe que la relación entre ella y yo era especial.

Fué bastante divertida y tonta. Me entendió, me enseñó, me acompañó y me consoló. Hoy ya se fue.

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